Baldomero García Boto destaca por su compromiso con la fraternidad y la memoria de los antiguos alumnos franciscanos vinculados al Convento de Herbón. Desde su reencuentro con ASAFA en 2013, ha impulsado iniciativas que fortalecieron los lazos entre generaciones y territorios, especialmente en El Bierzo y Castilla y León.
Su labor fue decisiva para recuperar la memoria de Castroverde de Campos mediante encuentros y homenajes, y para consolidar en Ponferrada un puente estable entre Herbón y los antiguos alumnos de otros territorios. La Esclavina de Plata reconoce justamente una trayectoria ejemplar de servicio, amistad y entrega a la memoria compartida de la familia franciscana.
Los primeros pasos
Baldomero, naciste en Finolledo (Cubillos del Sil), en el Bierzo leonés. ¿Qué razones o circunstancias te llevaron a ingresar en el Seminario Franciscano de Castroverde de Campos en 1964?
A finales del curso 1963/64, fray Arsenio y fray José Luis visitaron el Colegio Público de Navaliegos para promover vocaciones franciscanas. Mi hermano Camilo y yo, interesados por su propuesta y con el apoyo familiar, nos inscribimos voluntariamente. Tras superar una prueba de selección en el Colegio de la Inmaculada de Ponferrada, participé en agosto en un cursillo en el convento de Herbón. Aquel viaje fue mi primer contacto con el ambiente franciscano, la vida comunitaria y compañeros de Galicia y Castilla y León, e inició el itinerario formativo que poco después me llevaría al Seminario Franciscano de Castroverde de Campos.

La etapa franciscana
¿Qué impresión te produjo la llegada a Castroverde de Campos siendo todavía muy joven?, ¿Qué recuerdos conservas de aquel primer curso en Castroverde?
A principios de septiembre de 1964 ingresé en Castroverde. Me impresionaron la llanura abierta de Tierra de Campos y su clima extremo, con inviernos muy fríos y veranos secos y calurosos. Frente a la austeridad del entorno, la convivencia en el convento era familiar y acogedora. De aquel primer curso recuerdo especialmente las clases de latín del padre Magín en la sala de la gloria, los paseos hasta La Josa y la transformación de un maizal en el campo de fútbol del seminario. Poco a poco, Castroverde dejó de ser un lugar extraño y se convirtió en una etapa importante de mi vida.

Después de aquel primer curso en Castroverde, en 1965 te trasladaron a Herbón. ¿Cómo viviste el cambio y qué diferencias encontraste en la convivencia, el entorno y la formación entre ambos seminarios?
El traslado supuso un gran cambio. Frente al ambiente familiar e igualitario de Castroverde, encontré un centro mayor, dividido por cursos (a nosotros nos separaron en dos aulas), donde los recién llegados teníamos un lugar más secundario. También cambió el paisaje: de la llanura seca castellana pasé a un entorno verde y húmedo, con los enormes eucaliptos de la alameda y las mesas y los asientos de piedra bajo los robles.
La formación en Herbón era más completa, con más profesores, recursos y actividades. La música fue especialmente importante para mí por el coro y las salidas para cantar en misa. También recuerdo las clases de francés y el acceso ocasional a la televisión. Aquel curso, el padre Carlos Amigo gestionó un televisor para los alumnos, toda una novedad. Herbón fue, en definitiva, una experiencia menos familiar que Castroverde, pero más rica en oportunidades formativas.

Estudios y trayectoria profesional
¿Cómo fue tu vida profesional después de la etapa franciscana?
Al dejar el seminario continué el bachillerato y el COU en el Instituto Gil y Carrasco de Ponferrada. En 1973 inicié Magisterio en la Escuela Universitaria del Profesorado de la ciudad y, en 1976, obtuve el título de profesor de Educación General Básica.
En 1977 cumplí el servicio militar en Ceuta. En septiembre de 1979 comencé a trabajar como profesor de E. G. B. en el Colegio Santa Eulalia de Cornellá, Barcelona, donde permanecí hasta 1994. Aquellos quince años fueron decisivos para adquirir experiencia y acompañar la formación de varias generaciones de alumnos.

El reencuentro con los antiguos alumnos
¿Cómo se produjo tu reencuentro con los antiguos alumnos y cómo fue creciendo desde entonces tu vinculación con el colectivo?
Mi reencuentro con los antiguos alumnos se produjo con motivo del homenaje a Molinero, celebrado en Cacabelos el 16 de marzo de 2013. Carpintero me invitó a una reunión con compañeros de promoción, que nos permitió recuperar recuerdos y amistades relegados por el paso del tiempo. El contacto se mantuvo antes y después de la celebración y fue decisivo para estrechar mi vínculo con ASAFA.
Ese mismo año asistí por primera vez al encuentro anual «Herbón na lembranza». Durante el almuerzo, celebrado en el restaurante La Escala de Padrón, recibí el diploma de Caballero Franciscano, un reconocimiento que reforzó mi sentimiento de pertenencia a aquella comunidad. Más adelante surgió la idea de organizar una comida fraternal en un lugar intermedio. Elegimos O Cebreiro y aprovechamos la ocasión para rendir homenaje al padre Freire. En aquel encuentro comenzamos a plantearnos cómo ampliar y fortalecer la presencia de la asociación en Castilla y León o Madrid, facilitando la participación de quienes vivían lejos de Herbón. Desde entonces, mi implicación fue en aumento hasta incorporarme al equipo directivo de la asociación, desde el que pude colaborar más activamente en la extensión de esos vínculos y en la conservación de la memoria compartida de nuestros años franciscanos.

Castroverde y su memoria
¿Cómo contribuyeron aquellos encuentros y homenajes a mantener viva la memoria de Castroverde?
En 2016 organicé en Castroverde de Campos el primero de tres encuentros anuales de antiguos alumnos, dedicados a homenajear a los padres Barriguín, Salvador y Magín. En cada uno de ellos colocamos una placa en el claustro, como muestra de gratitud y recuerdo de su labor formativa.
Las reuniones se mantuvieron hasta que el deterioro del convento impidió su continuidad. Aunque el antiguo seminario conserva buena parte de su estructura, ya no alberga una comunidad religiosa y actualmente está cedido al Ayuntamiento. Confiamos en que pueda ser rehabilitado y continúe siendo un lugar de encuentro y de memoria para nuestro colectivo.

El puente entre territorios
¿Qué encuentros y actuaciones has impulsado para acercar ASAFA a los antiguos alumnos de Castilla y León, Madrid y otros territorios?
He procurado que los antiguos alumnos residentes en Castilla y León, Madrid y otros lugares pudieran encontrarse con mayor facilidad, sin que todas las actividades dependieran de desplazarse hasta Herbón. Con ese propósito colaboré en la organización de reuniones de convivencia fraterna en Castroverde de Campos, Cacabelos, Ponferrada y otras localidades de la comunidad. En febrero de 2020 celebramos en Ponferrada una comida preparatoria del encuentro anual, pero la pandemia obligó a aplazar los planes previstos y a retomarlos cuando las circunstancias lo permitieron.
El 14 de mayo de 2022 pudimos celebrar por fin en Ponferrada el encuentro anual de los antiguos alumnos. Fue una jornada especialmente significativa porque permitió reunir a compañeros procedentes de distintos puntos y acercar la actividad de ASAFA a quienes vivían en Castilla y León, Asturias y territorios próximos. Durante la celebración se entregó a Domingo Barreiros la «Esclavina de Plata», en reconocimiento a su dedicación desinteresada a la asociación. Aquel encuentro mostró que la fraternidad nacida en Herbón podía mantenerse viva y expresarse también lejos de Galicia.

Esa voluntad de acercamiento tuvo continuidad en 2024. El 17 de agosto, una representación de los antiguos alumnos participó en Ponferrada en la festividad de Santa Beatriz de Silva, celebrada dentro del quinto centenario de la fundación del convento de las Madres Concepcionistas Franciscanas de la calle del Reloj. La jornada comenzó con una visita cultural al entorno vitivinícola del Bierzo, continuó con un almuerzo de confraternidad y concluyó con la celebración religiosa. Más tarde, en torno a la festividad de la Virgen de la Encina, patrona de Ponferrada y del Bierzo, el colectivo volvió a estar presente en los actos conmemorativos, en los que participaron monseñor Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger; fray Juan Manuel Buján, ministro de la Provincia Franciscana de Santiago, y fray Miguel de la Mata, guardián del convento de San Francisco de Compostela. Todas estas iniciativas han contribuido a tender un puente estable entre Herbón y los compañeros de otros territorios, combinando memoria, cultura, espiritualidad y convivencia.

Mirando al futuro, ¿qué habría que hacer para reforzar este puente y lograr que los antiguos alumnos de todos los territorios se sientan más integrados en ASAFA?
Creo que, para reforzar la convivencia con los grupos de Castilla y León y Madrid, sería muy positivo organizar en Valladolid una futura Xuntanza anual o, al menos, un encuentro de especial relevancia. No tendría que ser necesariamente la edición de 2027, ya que la celebración del Año Xacobeo puede aconsejar mantenerla vinculada a Galicia, pero sí la siguiente ocasión que resulte adecuada. La iniciativa debería plantearse como una colaboración estrecha entre ASAFA y los compañeros de Valladolid, de modo que quienes residen en estos territorios no sean únicamente asistentes, sino protagonistas de primer nivel en la organización y el desarrollo del encuentro. Celebrarlo allí permitiría acercar la asociación a más antiguos alumnos, fortalecer los vínculos existentes y hacer visible que la fraternidad de Herbón permanece viva allí donde se encuentran sus compañeros.





